“Las Paraditas” de Tijuana

 

Por Carlos Neri Torres

Las calles de la zona de tolerancia en esta frontera de México en la ciudad de Tijuana, están alejadas solo unas tres  cuadras  de la zona turística familiar de paseantes locales y extranjeros de lo que es la Av. Revolución, que cuenta con restaurantes, artículos típicos de México desde zarapes hasta sombreros, así como joyería y lugares de conciertos de rock, y música en vivo, y casa de apuestas,  que abarca casi dos kilómetros, y estrellas de la fama, donde se encuentra un homenaje a cada artista que ha venido a recibir, un reconocimiento de Tijuanenses por su apreciable trabajo en las artes,  que no está más lejos de medio kilómetro de la línea de San Ysidro California, es la “Zona de las Paraditas”  lugares poco visitados por familias de buenas costumbres, aquí es visitada por latinos locales y del norte solteros en su mayoría,  en busca de diversión por las noches, son participes sus senderos, mudos de  una aventura de amor quizá, ante el ser humano con dinero que busca una aventura más, de sentirse conquistador o porque no, hacer la mejor elección de las mujeres que venden caricias, o se rentan como también  pudieran decir ellas o que también ellas definen su profesión  es un trabajo como cualquier otro.

A cada paso se oye la música, que sale de los antros, vecinos unos de otros, en ambas aceras del callejón Coahuila y sus alrededores que los hay para pudientes y para consumidores natos,  vestidos de chillantes colores de luces que iluminan el secreto plan muy personal que trae dentro cada uno, casi siempre se es acompañado de algún amigo de confianza el “busca sexo”, ya que ir solo en esos lugares, es ser presa de más de un ocioso malándro ; De encontrar el amor en la travesía,  bajo las tenues luces se puede imaginar la dama perfecta,  y entre mas alcohol está dentro del sujeto, el amor crece o engaña al cliente, entre las muchas chicas que con diminuta ropa se recargan a la pared algunas son jóvenes aun otras ya andan con mas de 40 años, y  despiertan el bruto placer coquetean con los que se acercan, o las miran con timidez, antes de que salga el sol, también están los guaruras de cada antro simulando ser meseros, también se acercarán  vehículos de policías municipales, autoridades   con los códigos encendidos para evitar rencillas,  también se ve la sonrisa amable y el sonar de la tabla del taquero, cuales fuertes luces iluminan sus carnes y salsas,  rodeado de hambrientos clientes, que su cara indica la presencia del alcohol,  la noche tiene sorpresas, en estas calles, también  se pueden encontrar sin querer algún vecino, que pudiera ir con el chisme a la patrona.

En cada visita a estos lugares hay según cuentan, una parte de el México de su  juventud, de sus pueblos, hay su música y la cerveza o vino nacional, junto con el recuerdo de momentos inolvidables,  que apagaran en cuanto regresen al vecino estado del Norte como lo es California, también llevarán algo de esta ciudad aunque sea en su memoria humano.

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